Historia de la Iglesia Adventista PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 20
MaloBueno 

La Iglesia Adventista del Séptimo Día en Argentina
Sinopsis histórica de su establecimiento

El 1 de octubre de 1860 una delegación importante de creyentes en las enseñanzas bíblicas reunidos en la ciudad de Battle Creek, estado de Michigan, Estados Unidos de Norteamérica, decidió que el grupo se llamaría Adventistas del Séptimo Día.  Este nombre señala dos creencias fundamentales de la iglesia homónima que en ese momento estaba en camino a su organización: primero, la se­gunda venida de Jesucristo a esta tierra como acontecimiento cercano; y segundo, la validez perpetua de los mandamientos del Decálogo, inclusive el cuarto mandamiento que establece el séptimo día de la semana para ser santificado.
La primer Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD) organizada formalmente en Argentina ocurrió el 9 de septiembre de l894 en la localidad de Crespo, provincia de Entre Ríos.

Para comprender el porqué de una iglesia cristiana más, existiendo ya tantas, es necesario tener en cuenta que la IASD es la única que tiene a la Santa Biblia, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, como documento base de to­das sus creencias. La declararon su credo. No se quita ni se agrega nada. En cuanto a la interpretación del texto se admite el que resulta evidente siguiendo el sentido literal, además de lo señalado por el contexto.
Con lo mencionado en el párrafo anterior es de suponer que toda persona estudiosa de la Biblia y que además haga de ella su única fuente de fe, tenga creencias adventistas. Así efectivamente ha sucedido en los países cristianos, y la República Argentina ocupa un lugar destacado entre los precursores de la Iglesia Adventista.

Aún sumidos en las alternativas de la guerra por la independencia, algunos de los hombres muy importantes de la revolución encontraron tiempo para estudiar la Biblia y los escritos del jesuita chileno Manuel Lacunza y su libro titula­do "La Venida del Mesías en Gloria y Majestad". Entre todos ellos se destaca Francisco Ramos Mejía, quien en su estancia muy importante, estableció el sép­timo día de la semana como día de reposo religioso.  Además, en sus escritos exhorta a prepararse para la próxima segunda venida de Jesucristo. Ramos Mejía es un verdadero precursor adventista del séptimo día. Este patriota argentino mu­rió el 5 de marzo de 1828, mucho antes del surgimiento adventista en Esta­dos Unidos de Norteamérica.  Bien puede, entonces, afirmarse que las enseñanzas de los adventistas no son ideas foráneas o extranjeras en Argentina y en América Latina, sino todo lo contrario.
Pasado el triste período de luchas fratricidas y partidarias en el país, y tam­bién establecida la Constitución Nacional, comenzaron a llegar a estas tierras grandes contingentes de europeos que vinieron a trabajar con ahínco en bien de sus familias y del país. A partir de 1885 volvemos a encontrar adventistas en Argentina.  En la provincia de Santa Fe surgieron dos grupos adventistas: uno en el norte, entre colonizadores italianos cerca de la ciudad de Reconquista, estaban dirigidos por la familia Peverini; el otro grupo estaba en el centro de la provincia, cerca de la ciudad de Esperanza, conducidos por la familia Dupertuis.

Poco después surge un tercer grupo, en 1890, esto es en la provincia de Entre Ríos, entre los colonizadores ruso-alemanes, estaban liderados por la familia Riffel. Es preciso destacar que estos colonizadores alemanes eran notablemen­te amantes del trabajo, de su familia y de la religión. En este último aspec­to el sesenta por ciento eran católicos y el cuarenta por ciento protestantes. Resulta imposible omitir en esta reseña las condiciones favorables que Entre Ríos ofrecía a todos sus habitantes y particularmente al grupo adventista.  El lema del gobierno era "paz y concordia" y con esta idea otorgaba a todo su pueblo completa libertad de culto. Cada grupo religioso tenía plena libertad para rendir culto a Dios según los dictados de su conciencia; podía tener sus templos y capillas, y allí adorar protegidos por la ley. La libertad es­taba asegurada por la Constitución Provincial.
En cuanto a los adventistas, el fervor y celo de Jorge Riffel en difundir la esperanza adventista hizo que en poco tiempo, Entre Ríos se convirtiera en un centro dinámico adventista, donde personas inteligentes, con iniciativa e ideas de progreso, impulsaron el crecimiento de esta cofradía en forma admi­rable.
Con respecto a lo que estaba sucediendo en Entre Ríos, cuando los creyentes eran todavía pocos y apenas a cuatro años de organizarse la primer iglesia, decidieron que debían dar a sus hijos educación apropiada y que ellos serían los encargados de llevar el mensaje de esperanza a los habitantes del país. Con es­te pensamiento en mente, colonizadores pobres, castigados por las langostas y las sequías, fundaron en pleno campo, en 1898 un colegio con dormitorio para varo­nes y para mujeres, comedor y aulas, entre otras cosas, convirtiéndose en un colegio mixto de alto nivel moral, primicia de algo desconocido en la región.  Esa escuela es hoy lo que conocemos como la Universidad Adventista del Plata, institución modelo que ofrece treinta y tres carreras a la juventud y donde el nivel moral revela lo que los principios bíblicos aplicados a la vida pue­den hacer para la felicidad humana. Poco tiempo después se estableció un sana­torio, con medicina moderna, que revela a la comunidad los principios de vida sana sustentados en la Biblia, que Dios ha indicado para el bien de todos.
Volviendo un poco atrás, la segunda etapa del crecimiento adventista argentino se inicia con la demanda de los creyentes santafecinos y los entrerrianos de un pastor ordenado a las autoridades de la iglesia en los Estados Unidos. Había que organizar iglesias y bautizar a los nuevos creyentes. En respuesta a estos pedidos en diciembre de 1891 llegaron tres colportores (misioneros que distribuían impresos adventistas) con libros y revistas en inglés y en alemán. No te­nían impresos en castellano. A pesar de este inconveniente, tuvieron éxito.
Después de muchas solicitudes, finalmente llegó el primer pastor adventista para radicarse en Argentina: Francisco H. Westphal. Es el mes de agosto de 1894.  El 9 de setiembre del mismo año establecerá la primer iglesia adventis­ta de Argentina en Crespo, provincia de Entre Ríos. La llegada de Westphal fue muy feliz para los feligreses por su consagración y condiciones de líder. Un escritor lo presenta así: "Un hombre de condiciones de pionero auténtico: sencillo, sincero y resuelto, un hombre de una sola pieza, que no retrocedía en el desierto ni se hundía en el mar, que respetaba a los humildes y no temía a los grandes, que amaba al prójimo y confiaba en Dios".

A partir de este momento la expansión adventista en Argentina fue constante, todavía en 1894 se estableció una iglesia en San Cristóbal, Santa Fe y otra en Buenos Aires. Cada año nuevas congregaciones se fueron organizando, de manera que actualmente desde Tierra del Fuego hasta Jujuy y Misiones, el territorio nacional está totalmente cubierto con fieles adventistas que anhelan de corazón encontrarse con el Redentor en su segunda venida. Escuelas, colegios, sanatorios, dispensarios, una importante casa publicadora, capillas y templos, fábricas de alimentos, dan testimonio de la presencia adventista en Argentina.
Jesucristo sanaba, enseñaba y predicaba. En sanatorios, colegios y templos se procura realizar esta tarea en lo físico, mental y espiritual, a fin de que el mayor número posible de personas tenga un encuentro feliz con el Salvador.

Dr. Egil Wensell

Comentarios (2)Add Comment
0
...
escrito por lali, mayo 03, 2010
hola gracias por la informacion me re ayudo para un trabajo que me mandaron para biblia
0
muy bueno
escrito por alejandro joel, mayo 29, 2010
la verdad que muy buena historia de nuestra iglesia la verdad que impacta a todo el mundo es cierto eso lo que dice sabia que acá en entre ríos se fundo la primera iglesia buenísimo desde santa fe la capital

Escribir comentario

security code
Escribe los caracteres de la imagen


busy