| LAS TUNAS, 110 AÑOS DESPUÉS, por el Dr. Daniel O. Plenc |
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Entre Ríos y Santa Fe, terruños hermanados por el mismo río, comparten también los episodios fundacionales de una institución centenaria, la Universidad Adventista del Plata. La gesta fundadora se produjo en las cercanías de Crespo, con representantes de las dos provincias y el liderazgo visionario del misionero Frank Henry Westphal (1858-1944). La llegada de un joven uruguayo, de ascendencia suizo-alemana, Luis F. Ernst (1874-1952) el 26 de septiembre de 1898 a la reunión campestre de la Misión Adventista de la Costa Este de Sudamérica es interpretada hoy como la fecha del nacimiento de la institución y de la comunidad de Libertador San Martín.[i] Verdad es que se venía hablando de la necesidad de un colegio agrario y de preparación para misioneros desde el surgimiento de la primera congregación adventista de Sudamérica en 1894, pero las condiciones no eran favorables, básicamente como consecuencia de la pobreza acarreada por las plagas de langostas y las sequías.[ii] La presencia de Ernst decidió el asunto y despertó la habitual generosidad de los concurrentes. El total de dinero entregado y prometido alcanzaba unos 700 dólares. Hubo quienes comprometieron ciertas hectáreas de la cosecha futura, otros ofrecieron mano de obra, y don Jorge Lust donó las primeras 17 hectáreas en una colina cercana, conocida como Colonia Camarero. Esas tierras son todavía el núcleo central del campus universitario y de la comunidad que lo rodea. A medio camino entre Diamante y Crespo, lejos de las ciudades y a merced de los malos caminos y de las crecientes de los arroyos, se dispuso el lugar y se amontonaron los ladrillos. Escribe Egil H. Wensell: “He aquí porqué el 26 de septiembre se considera día fundacional del Colegio Camarero, luego Colegio Adventista del Plata y hoy Universidad Adventista del Plata”.[iii] “Como no disponían de edificios en Entre Ríos –dice Pablo C. Rodríguez-, empezaron provisoriamente en Las Tunas, provincia de Santa Fe, donde fue acondicionada una casa para tal fin. El colegio abrió sus puertas el 20 de enero de 1899, bajo la dirección del Sr. Nelson Z. Town, director de publicaciones. Habían transcurrido apenas 4 meses desde la decisión tomada en Crespo Campo. En el primer semestre, la matrícula fue de 6 alumnos y en el segundo, 21 alumnos internos y 8 externos”. Nelson Zane Town no asumió la conducción por casualidad. Graduado del curso ministerial diez años antes de su traslado a la Argentina en 1896, en el Colegio de South Lancaster, Massachussetts, fundado por el pionero de la educación adventista, Goodloe H. Bell,[iv] fue luego misionero en Escocia e Inglaterra. Permaneció en el país por doce años, regresó a su patria y se desempeñó finalmente como presidente de la Unión Austral de la Iglesia Adventista del Séptimo Día de 1930 a 1933.[v] Según testimonio recogido de don Santiago Mangold en 1962 ó 1963, entre los primeros alumnos de Las Tunas se encontraban Ignacio Kalbermatter, Angelberto Kalbermatter, Santiago Mangold, Pablo Bonjour, Juan Bonjour, Godofredo Block, Armando Hammerly, Daniel Peverini, Luisa Peverini y Daniel Rostán. La tranquila y próspera colonia agrícola de Las Tunas, fundada en 1868, ofrecía condiciones favorables. El pastor Westphal alquiló por dos años una vivienda amplia y la estructura del molino harinero San Luis que había funcionado desde 1874 hasta el año anterior. Estas instalaciones pertenecían a la familia Inhabenit, adquiridas luego por la familia Wegener, propietaria actual. A la estación ferroviaria local llegó un 8 de enero de 1899 el señor Nelzon Z. Town, como director organizador y su esposa Sadie Graham. A los esposos Town se sumó el profesor A. T. De Learsy. Las clases de preparación para misioneros dedicados a la distribución de publicaciones confesionales comenzaron el 20 de enero y concluyeron el 17 de marzo, a tiempo para que profesor y alumnos se dispusieran a un período de práctica. El segundo curso se inició el 20 de junio, con 29 estudiantes que oscilaban entre los 7 y los 30 años. A la tarde se desarrollaban las actividades de la escuela primaria y por la mañana las del secundario, con diez alumnos. Las materias enseñadas en 1899 fueron probablemente Sagrada Escritura, Gramática, Matemática, Historia y Fisiología. Los alumnos de familias europeas estudiaban inglés, francés y alemán y los colportores debían conocer el contenido de los libros que se habían elegido para su distribución, seguramente Patriarcas y profetas, y El conflicto de los siglos de Elena G. de White.[vi] Los días 22 y 23 de julio de ese mismo año hubo en Las Tunas una reunión general de adventistas bajo la presidencia del pastor Westphal. Allí se tomó la decisión definitiva de trasladar el colegio a Camarero. Town se muda a Entre Ríos y el 17 de octubre comienza la construcción del primer edificio, hoy desaparecido. Las clases se iniciaron el 20 de abril de 1900, con 15 alumnos y terminaron el 20 de septiembre con 23.[vii] Town dirigió la construcción del primer edificio en Camarero y fue director del colegio hasta 1901, dando continuidad al programa educativo comenzado en Las Tunas. Mientras Pedro Peverini, con su peón, trabajaba gratuitamente en el primer edificio, Frank Westphal preparaba el barro para unir los ladrillos y Nelson Town hacía de cocinero. El Colegio Camarero, que pasó a llamarse Colegio Adventista del Plata en 1908, tuvo un comienzo humilde. Escribió F. H. Westphal: “Tenemos 40 acres de tierra con la escuela, un equipo de caballos y un carro. Esto da a los alumnos algo de trabajo. Oren por la escuela, hermanos, que las bendiciones del Señor descansen sobre ella en gran medida”.[viii] Un mes después de la descripción de Westphal informó Jean Vuilleumier: “Nuestra escuela de agricultura y obreros en Entre Ríos está tomando forma gradualmente, una parte del edificio planeado está en pie y las operaciones de la escuela han comenzado [...] Hasta aquí nuestros hermanos, con pocas excepciones, muy pobres, han dado suficiente en trabajo y dinero para pagar todos los gastos de la escuela”.[ix] La revista La voz del colegio, número especial del año 1927, dice que “aceptando la generosa donación que hiciera el señor Lust, los pastores Francisco Westphal y Nelson Z. Town vinieron y construyeron una humilde casilla de dos metros cuadrados, que les sirvió de habitación mientras se construía el edificio que había de ser escuela y dormitorio para los estudiantes, en reemplazo de la escuela dirigida por los esposos Town en ‘Las Tunas’, Santa Fe”.[x] Una página de Walton John sirve para evocar esos primeros años de entrega y esfuerzo: “Nuestro cierre de actividades fue de interés inusual, dado que el pastor Francisco Westphal, el padre de la academia, estaba presente, junto con varios otros Hnos. que ayudaron a la institución en su comienzo –el Hno. Pedro Peverini, del Chaco, quien levantó el primer edificio; el Hno. Domingo Daliezi, quien donó los árboles, el Hno. J. Lust, quien donó la tierra y el pastor Luis Ernst, el primer estudiante, quien ayudó a cavar el pozo. Muchas experiencias interesantes fueron recordadas sobre el comienzo de la obra de nuestra escuela y de su crecimiento durante los pasados 14 años”.[xi] Las Tunas conserva ese solar donde el 20 de junio de 2009 la Universidad Adventista del Plata y la Asociación Argentina Central de los Adventistas del Séptimo Día colocarán sendas placas en reconocimiento de su importancia histórica para estas instituciones, a la memoria de doña Elvira Jullier de Wegener y en gratitud a sus hijos Livia y Eduardo, nietos del segundo propietario. En 2008 escribía Juan Carlos Priora: “Tal vez se pueda -aunque más no sea- elevar allí, un pilar con una placa que perpetúe sus orígenes tan valientes y fructíferos y le informe al caminante: ‘Caminante, el terreno que tus pies pisan, fue transitado, hace 110 años, por los primeros alumnos de lo que hoy es la Universidad Adventista del Plata’”. Dr. Daniel Oscar Plenc. Centro para la Memoria de la Universidad Adventista del Plata [i] Para una breve evocación de la historia institucional, véase Pablo C. Rodríguez, Cien años educando: Origen y desarrollo de la Universidad Adventista del Plata. El relato austero del gran mentor de la educación adventista sudamericana puede leerse en Frank H. Westphal, Pioneering in the Neglected Continent (Nashville, Tennessee: Southern Publishing Association, 1927). Una descripción más detallada de la vivencia de Luis F. Ernst puede leerse en Daniel Oscar Plenc, “Luis F. Ernst: El primer estudiante”, La Agenda, Año XVII, Nº 28 y 29; asimismo el capítulo “Luis F. Ernst: Con la Biblia en la mano”, Misioneros en Sudamérica: Pioneros del adventismo en Latinoamérica (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2008), 53-62. [ii] La primera reunión de adventistas que trató formalmente la iniciativa ocurrió el 30 de junio de 1898, sin arribar a una decisión. La siguiente, con una convocatoria más amplia, tuvo lugar del 15 al 26 de septiembre y de nuevo el punto se retiró de la agenda por la situación económica de la zona. [iii] Véase: Egil H. Wensell, El poder de una esperanza que educa y sana (Libertador San Martín, Entre Ríos: Editorial Universidad Adventista del Plata, 1993). [iv] Bell fue el primer director del Colegio de Battle Creek, Michigan, fundado en 1872 por inspiración de Elena G. de White. Su esposa Sadie Graham era egresada de la escuela media en la misma institución de Massachussetts. Aecio E. Cairus, “Raíces de excelencia”. Archivo de Documentos del Centro de Investigación White, Universidad Adventista del Plata. [v] Puede buscarse más información en Don F. Neufeld, ed., Seventh-Day Adventist Encyclopedia, vol. 2, Second Revised Edition (Hagerstown, MD: Review and Herald Publishing Association, 1996). [vi] Datos recogidos de Nelson A. Town, “Argentina”, Advent Review and Sabbath Herald, 27 febrero 1900, 140. [viii] Frank H. Westphal, “Argentina”, Review and Herald, 19 junio 1900, 397. [ix] Jean Vuilleumier, “Argentine Republic”, Review and Herald, 3 julio 1900, 428. [x] Informa la misma revista institucional que en 1900, en ausencia de los señores N. Z. Town y J. Leland, se hizo cargo de la escuela el señor Santiago Mangold hasta la llegada del nuevo director, Arturo Fulton, y del maestro Juan Maas, quienes vinieron en compañía del misionero José W. Westphal, en el año 1901. [xi] Walton John, “River Plate Academy, Argentina, South America”, Review and Herald, 23 enero 1913, 88.
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