REFLEXIONES SOBRE IMPORTANCIA DE LAS PUBLICACIONES PDF Imprimir E-mail
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Una declaración para pensar
Por Werner Mayr
“Si hay una obra más importante que otra, es la de presentar al público nuestras publicaciones, induciéndolo así a escudriñar las Escrituras.”

El otro poder
Entre las innúmeras declaraciones que formuló la sierva del Señor hay una que inevitablemente nos hace pensar: “Si hay una obra más importante que otra, es la de presentar al público nuestras publicaciones, induciéndolo así a escudriñar las Escrituras. La obra misionera –que consiste en introducir nuestras publicaciones en el seno e las familias, conversar y orar con ellas- es una buena acción que instruirá a los hombres y las mujeres acerca de cómo realizar la labor pastoral (Testimonies, tomos 4, pág. 390. Año 1880).

¿Qué habrá tenido en mente la mensajera del Señor cuando expresó: “Si hay una obra más importante que otra, es la de presentar al público nuestras publicaciones”? Como parte del estilo humano de expresar las ideas, en el campo de la comunicación es natural que en un determinado momento se enfatice algún asunto específico, lo que no implica necesariamente una descalificación o menosprecio de otros factores relacionados con la materia considerada, incluso de otras áreas de trabajo.
Por tanto, la declaración de marras no pretende transmitir la idea de: “Quédense con esto que es básico, esencial, y olvídense del resto”. Dicho de otro modo, no tiene la pretensión de sugerir el siguiente concepto: “La única estrategia válida para transmitir el mensaje son las publicaciones. Olvídense de los ministerio de la salud, la educación, la evangelización, la obra pastoral, de desarrollo y de asistencia social”, por mencionar algunos. Tengamos muy presente que la importancia de un asunto generalmente lo determinan las circunstancias, el tiempo y el lugar. Parafraseando, a nadie se le ocurriría convocar a los cirujanos para apagar un incendio, ni a los bomberos para realizar una apendicectomía. Por eso, si se está hablando de incendios, cabría decir: “ ‘Si hay una obra más importante que otra’, es la de los bomberos...”
Insistiendo en el tema de la importancia de las publicaciones, justificada razón tuvo Jaime White cuando escribió: “Los hombres de este mundo comprenden el gran poder de la página impresa. Las campañas políticas se hacen mayormente por medio de la prensa. Anuncios de esto, eso y aquello, pegados y esparcidos por doquier, son evidencia de que los hombres de negocios conocen bien la influencia de la prensa” (Review and Herald, 18 de diciembre de 1879).

Dimensiones de este ministerio

Cuando se hace referencia al ministerio de las publicaciones, algunos, incluyendo los que deberían saberlo mejor, lo asocian con colportores, y otros con casas editoras. Lo cierto es que abarca mucho más que eso; en verdad, comprende a todo integrante del movimiento adventista. Prestemos atención a lo que afirma Elena de White: “Cuando los miembros* de la iglesia (la mayor parte) se den cuenta de la importancia de la circulación de nuestras publicaciones, dedicarán más tiempo a esta obra. Las revistas, los folletos y los libros serán colocados en los hogares de la gente, para predicar el evangelio en sus diversos aspectos. La iglesia (que abarca la organización y la feligresía) debe dar atención a la obra del colportaje. Esta es una de las formas en que debe brillar en el mundo...” (Manuscrito 113, 1901).
Pero, para que el ministerio de las publicaciones realmente llegue a ser el otro poder que vitaliza a la iglesia, urge que volvamos a las sendas antiguas. Las fructíferas huellas de los que nos precedieron hace un par de generaciones, y cuyo ejemplo ya se borró de las arenas del tiempo, nos compromete a que regresemos a esos pasos que nos permitirán ser protagonistas de acciones que hasta sorprenderán a los ángeles.
Bolsillo para las publicaciones. En Alemania, el Hno. Joseph de oficio vendedor viajero, tenía un tercio de su portafolio o maletín consagrado a llevar publicaciones adventistas a sus clientes. Esta dedicación fue transmitida por los genes a sus descendientes, haciendo que su hijo, el abuelito Hans, llegara a ser colportor evangelista pionero en el Amazonas. Y, saltando en el tiempo, hoy su nieto, director editorial de la ACES, y gracias a esa poderosa influencia, siente que la causa de las publicaciones y la esperanza adventista están entre sus más potentes generadoras de endorfinas.
Además, a través del espacio y el tiempo, en ciertos lugares de nuestro continente el ministerio de las publicaciones adquirió una nueva dimensión cuando se nos enseñó a consagrar uno de los bolsillos, o carteras en el caso de las mujeres, con la finalidad de llevar folletos con aspectos distintivos del mensaje adventista; eran para entregarlo a las personas en sus contactos ocasionales hechos en el ómnibus o en otros lugares.

Para financiar proyectos. Los tres hijos de quien esto suscribe vendieron publicaciones; junto con ayudar a esparcir las buenas nuevas, recaudaron dinero para solventar algunas de las necesidades del momento o cristalizar sus sueños infantiles. Esto significa que, en el contexto de nuestra misión como pueblo de Dios, y en lugar de vender alimentos que en pocas horas se reducen a la nada volviéndole el apetito a los que los adquieren, la mejor opción para financiar proyectos juveniles o viajes de estudio lo constituye la venta de revistas.
Participación generalizada. Si pretendemos –debería ser el objetivo- que toda la feligresía tenga la oportunidad de participar en la vitalización del ministerio de las publicaciones, los dirigentes –de la iglesia y de la organización- tenemos el desafío de reactualizar planes antiguos y, con visión e ingenio espiritual, crear nuevos. Recién entonces se cumplirá la visión que tuvo la mensajera del Señor cuando le fue mostrado que las publicaciones eran distribuidas como “hojas de otoño”, las cuales son impulsadas por el viento del Espíritu.
Publicaciones en lugar de perfumes. Hace años que desde las páginas de la Revista Adventista (RA) hemos estado promoviendo la idea de reemplazar la forma tradicional de saludar a nuestros seres queridos y amistades, con regalos que van desde corbatas a perfumes, obsequiándoles libros impresos en las editoriales de la iglesia. Esta es una manera novedosa y simpática que deja bien al que utiliza este modo de expresar afecto. Tenga presente: Mientras que la ropa se desgasta y los perfumes se desvanecen, el mensaje de nuestros libros produce un efecto permanente. Si no logra resultados inmediatos, en algún momento exhalará su perfume de esperanza, consuelo, salvación y vida eterna.
Leer y compartir lo leído. La RA ha impulsado con insistencia otro plan que también apunta a la masiva participación de la feligresía en el ministerio de las publicaciones. La idea es la siguiente:
Suscríbase o compre la RA. Después de leída, en lugar de guardarla, préstela o regálela. En su poder acumulará polvo y ocupará espacio. En manos de parientes, amigos o vecinos, puede ser semilla que dé fruto para la vida eterna.

Estas son algunas de las estrategias que permiten a la iglesia entera participar en este ministerio. Adóptelas; es la mejor manera de fomentarlas. Trate de descubrir otras.
Con relación a la participación masiva de la feligresía, Elena de White expresó: “La distribución de nuestras publicaciones es un medio por el cual el mensaje ha de proclamarse. Que cada creyente* disemine folletos y libros que contienen el mensaje para este tiempo...” (Southern Watchman, 5 de junio de 1904).
No será vencida por la tecnología

En la era de la cibernética, la importancia de la prensa escrita se mantiene incólume, al punto de que se la considera el cuarto poder después del ejecutivo, el legislativo y el judicial.
Cuando apareció la televisión, muchos pensaron que las horas para la producción de libros y revistas estaban contadas. Basta observar los puestos de diarios y las librerías para que la falacia quede aplastada por el peso de la objetiva realidad.
Posteriormente, la computadora (PC) irrumpió en el escenario y deslumbró con una tecnología que, gracias a Internet, hace penetrar al mundo en las casas. Ahora, no falta quien piensa que las PCs tienen el poder suficiente para “devorar” todo el papel y la tinta que se produzca, razón por la cual pronto ya no habrá necesidad de imprimirse más libros, revistas y periódicos.

Si seguimos creyendo en el espíritu de profecía, dicha expectativa pasará al terreno de lo absurdo. Nuestro argumento se hace en la siguiente afirmación de Elena de White: “Hasta que en los cielos se proclame el decreto ‘Hecho está’ siempre habrá lugares para trabajar y corazones que reciban el mensaje (impreso)” (Mensajeros de esperanza, págs. 18, 19). ¡Apoye este ministerio participando activamente! –Werner Mayr, director editorial de la ACES.
*El énfasis es mío.