| Satelital 2011: Manuela, llamada a volver a la iglesia por el Espíritu Santo |
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Manuela de pequeña asistió a la iglesia adventista de Santa Fe centro y aún recuerda con añoranza esa época de su vida. Ella quería ser adventista, pero el hombre con quien se casó no se lo permitió nunca. La vida la llevó a vivir en diversas ciudades de la Argentina. Los años pasaron, pero ella nunca olvidaba lo feliz que era en la iglesia. Llegó el día del regreso. Martes 8 de noviembre de 2011. Manuela entró a la iglesia adventista de Santo Tomé, Santa Fe y se sentó. Faltaban pocos minutos para el inicio del programa satelital “La gran esperanza”. El evangelista local le dio la bienvenida desde el frente y le preguntó “¿Quién la invitó?”. Ella tomó la palabra y abrió su corazón delante de todos.
Manuela, a la derecha, junto a una amiga. Manuela sentía que Dios la estaba guiando para que pudiera volver a la iglesia. Pero extravió el papel donde había anotado la dirección de la iglesia y los horarios de reunión. “Busqué ese papel por todos lados, pero no lo encontré”, reconoció. “Pero hace tres días, hay una voz en mi cabeza que me dice “anda a la iglesia adventista, anda a la iglesia adventista, y por eso vine”, explicó entusiasmada. No fue sencillo encontrar la iglesia. Manuela sólo recordaba que el templo estaba en la calle Castelli. Entonces Salió de su casa encomendándose a Dios, y luego de caminar unas 20 cuadras llegó a la iglesia de Santo Tomé. Para su sorpresa, ¡había una reunión y estaba por comenzar! Entró, disfrutó de la alabanzas, y muy feliz aceptó la carpeta del curso “la fe de Jesús”. Al final del programa pasó al llamado tomando la decisión de ser bautizada. “¿Cuánto hacía que Usted no pisaba una iglesia adventista?”, le preguntó el evangelista local. “30 años”, respondió ella con seguridad. Manuela. Una persona invitada a la campaña satelital por el Espíritu Santo. Manuela. Una hija pródiga más que regresa a los brazos del Señor.
Informe y fotografías: Prensa AAC |






Manuela pasó al llamado y manifestó su deseo de entregarle su vida a Dios.